ARGENTINA: el país del tango y los glaciares
Este país es de esas maravillas que colman al visitante de un sin fin de vivencias y posibilidades. Tiene las dimensiones suficientes para hacer soñar en un largo viaje: Los gauchos de la Pampa, los bailarines de tango en Buenos Aires, las casas de Ushuaia, las cataratas de Iguazú, el glacial de Perito Moreno, los lagos Andinos, la meseta de la Patagonia, etc. Resulta difícil decidirse entre las posibilidades que nos brinda un país cuyo nombre significa plata.
BUENOS AIRES:
Al viajar a Argentina, el turista irremediablemente se sentirá atraído por Buenos Aires. La capital todavía guarda un cierto aire de “vieja Europa” que salta a la vista desde el primer momento tanto en su construcción como en la cortesía de sus gentes. Pero no todo se reduce a esto, ya que, el estilo propio inunda los barrios con ritmos de tango y bailarines de negro. La vida está en las terrazas de los bares por el día y en los cabarets por la noche. Y, sobre todo, en las calles como Corrientes, Levada, Florida, Santa Fe, etc. Éstas son una cita ineludible para los visitantes y ejemplo de nuevos aires culturales y artísticos.
PATAGONIA:
La variedad geográfica está llena de contrastes y es inabarcable. Ejemplo son concretamente la Patagonia y los Lagos Andinos (que incluyen la región de La Pampa) a los que se suele acceder por barco o avión. Esta zona fue considerada por los indígenas como el alma del fin del mundo y no es para menos ya que su paisaje resulta, cuanto menos, inquietante: Glaciares azul oscuro que suenan como truenos cuando se desmenuzan, lagos profundos, bosques frondosos y cerrados, una fauna casi mágica, mesetas desérticas donde soplan vientos salvajes. Un lugar que debe ser de los destinos prioritarios para el viajero por su extraña belleza y el sin fin de actividades turísticas.
Todas las épocas del año son buenas para visitar este país aunque, dependiendo de los lugares el clima argentino puede variar radicalmente. El verano argentino (diciembre, enero y febrero), por sus temperaturas suaves y días largos, es la estación más favorable para visitar la Patagonia y los Andes Meridionales.
Este país es de esas maravillas que colman al visitante de un sin fin de vivencias y posibilidades. Tiene las dimensiones suficientes para hacer soñar en un largo viaje: Los gauchos de la Pampa, los bailarines de tango en Buenos Aires, las casas de Ushuaia, las cataratas de Iguazú, el glacial de Perito Moreno, los lagos Andinos, la meseta de la Patagonia, etc. Resulta difícil decidirse entre las posibilidades que nos brinda un país cuyo nombre significa plata.
BUENOS AIRES:
Al viajar a Argentina, el turista irremediablemente se sentirá atraído por Buenos Aires. La capital todavía guarda un cierto aire de “vieja Europa” que salta a la vista desde el primer momento tanto en su construcción como en la cortesía de sus gentes. Pero no todo se reduce a esto, ya que, el estilo propio inunda los barrios con ritmos de tango y bailarines de negro. La vida está en las terrazas de los bares por el día y en los cabarets por la noche. Y, sobre todo, en las calles como Corrientes, Levada, Florida, Santa Fe, etc. Éstas son una cita ineludible para los visitantes y ejemplo de nuevos aires culturales y artísticos.
PATAGONIA:
La variedad geográfica está llena de contrastes y es inabarcable. Ejemplo son concretamente la Patagonia y los Lagos Andinos (que incluyen la región de La Pampa) a los que se suele acceder por barco o avión. Esta zona fue considerada por los indígenas como el alma del fin del mundo y no es para menos ya que su paisaje resulta, cuanto menos, inquietante: Glaciares azul oscuro que suenan como truenos cuando se desmenuzan, lagos profundos, bosques frondosos y cerrados, una fauna casi mágica, mesetas desérticas donde soplan vientos salvajes. Un lugar que debe ser de los destinos prioritarios para el viajero por su extraña belleza y el sin fin de actividades turísticas.
Todas las épocas del año son buenas para visitar este país aunque, dependiendo de los lugares el clima argentino puede variar radicalmente. El verano argentino (diciembre, enero y febrero), por sus temperaturas suaves y días largos, es la estación más favorable para visitar la Patagonia y los Andes Meridionales.
